LA CASA DE PAPEL

En 1.999 llegué a España a buscar una vida próspera, pues Colombia pasaba por una gran crisis económica y mi familia, como muchas otras, se había visto obligada a cerrar una gran empresa. Me encontré con un país maravilloso, en el que además de la belleza y de la bondad de su gente abundaban el dinero y el trabajo. Tanto así, que al día siguiente de llegar a Palma de Mallorca encontré un empleo, informal como correspondería a cualquier inmigrante, y con un sueldo mayor del que esperaba. Poco a poco fui progresando económicamente hasta estabilizarme y vivir feliz durante muchos años. Sin embargo, un día, de repente, ese sueño se acabó. No sólo para mí sino para más de 7 millones de trabajadores en España.

En principio acepté lo que ocurrió y me enfoqué como persona práctica que soy en encontrar una solución inmediata a nivel personal, que gracias a Dios encontré. Pero después, con los años, he querido ahondar en lo que pudo haber ocurrido y entender por qué el estado de la economía española es cada día más lamentable.

La explicación podría ser muy compleja, porque muchos hechos la pueden afectar, pero se puede explicar muy fácilmente: El principio de todo se remonta al año 1.987, cuando se celebra la cumbre en Bruselas para consolidar la Comunidad Económica Europea creada en el Tratado de Roma en 1.957. El año en que yo nací, por cierto. Desde entonces y durante la década de los noventa, los países miembros de la CEE establecen a Bruselas como sede central de la Unión, crean el Banco Central Europeo, acuerdan el papel de cada uno de los países miembros en la economía de la Unión, y forman el parlamento y demás instituciones de gobierno. Siempre respetando un grado de autonomía nacional para cada país, dadas su historia, costumbres, razas, creencias y tradiciones entre muchos otros factores de identidad.

Se acuerda también que el papel económico de cada país en la unión debe obedecer a su capacidad de desarrollo histórico, real o potencial, en campos sensibles de la economía como agricultura, pesca, turismo, producción industrial, desarrollo tecnológico, explotación de recursos naturales, comercio, o lo que cada país miembro considerara pertinente y representativo. Y para plasmar esta intención, se establece como mecanismo un sistema de reparto y asignación de responsabilidad económica para cada miembro de la Unión. Todo en principio parecía claro y sencillo, y las comisiones delegadas de los miembros de la Unión simplemente deberían llegar a los acuerdos pertinentes sobre cuotas de producción y contribución a la economía comunitaria. Pero la realidad era mucho más compleja de lo que se planteaba en los papeles: Los países más ricos o con mayor poder de influencia a nivel global, como Alemania y Francia, exigían ciertos privilegios para participar en esa unión, y las economías más débiles tendrían que acoplarse a sus exigencias. Muchos sectores laborales de cada país deberían desaparecer o menguar su capacidad y cederla a otro Estado miembro que la Comunidad Económica Europea considerara más calificado por su idiosincrasia, ubicación, historia, capacidad, experiencia, o simplemente por la conveniencia y el equilibrio en la negociación de las comisiones delegadas. Era muy importante entonces la capacidad de negociación de las comisiones de cada país, y su capacidad de defensa de los intereses nacionales.

En los primeros años del acuerdo, cuando todavía gobernaba el socialista Felipe González, se produjo un gran crecimiento de algunos sectores de la economía española y todo parecía indicar que la negociación había sido un éxito. Sin embargo, poco después se pudo ver que en realidad España había pasado a ser un país cuya economía iba a depender en gran parte del turismo y que la recesión estaba a punto de llegar. Fue entonces cuando comenzaron las protestas de los sectores que se verían afectados en el futuro, la caída del régimen socialista y la respuesta de la Comunidad Europea a dichas reclamaciones aportando grandes cantidades de dinero para compensar a los sectores económicos afectados.

José maría Aznar presumió de su óptimo manejo de la economía, porque en el país realmente había riqueza. Fue la época en que yo llegué a España y doy testimonio de ello. Pero realmente este presidente de la derecha española no tenía nada de qué presumir. Sólo estaba administrando un regalo, sin generar crecimiento propio y efectivo de la economía. Por el contrario, la euforia y la soberbia le impidieron ver que al igual que a su antecesor, la corrupción estaba destruyendo los cimientos de su mandato e iba a terminar derrocándolo. Y fue cuando llegó el socialista José Luis rodríguez Zapatero para consolidar la tragedia.

España volvió al socialismo, segura de que sería verdad la promesa de felicidad para todo el mundo y solidaridad con los necesitados. El presidente Zapatero quiso acabar con el capitalismo que según él era la causa de todos los males en España, y que se concentraba en la especulación de la burbuja inmobiliaria. Consideró que la mejor manera de hacerlo era prohibiendo la expedición de licencias de construcción tajantemente, y efectivamente así lo hizo. En cuestión de días se quedaron sin empleo directo todas las empresas y trabajadores relacionados con el sector: Arquitectos, ingenieros, fontaneros, electricistas, transportadores, vendedores inmobiliarios, obreros, productores de materiales de construcción, fabricantes de mobiliario para baños y cocinas, empresas de ascensores, de muebles para el hogar y electrodomésticos, etc. Y en empleos indirectos, muchos millones más pues al no haber dinero circulante, por la falta de empleos y salarios, la gente dejó de comprar productos y servicios en todos los sectores de la economía.

Estaba claro que había vuelto el socialismo, que las ayudas de la Comunidad Económica Europea para compensar a los sectores afectados por las negociaciones de la unión se habían terminado, y que España estaba al borde del rescate como lo reconoció el Presidente Zapatero. Sólo quedaba la ruina, y la búsqueda de un nuevo gobierno que solucionara la situación.

Llegó entonces el gobierno de Mariano Rajoy. Otra vez España girando a la derecha en busca de una solución al desastre de la izquierda. Reconozco que no era fácil la papeleta: Más de 7 millones de desempleados en un país con 24 millones de trabajadores, y la amenaza de la intervención económica a España por su lamentable situación. Rajoy entonces solicita un rescate financiero de más de 100 mil millones de euros para inyectar a la economía nacional. Y ahí es cuando viene el otro desastre: Se lo entrega a los bancos, confiado en que estos lo van a destinar a la población y a las empresas para salvar a los sectores de producción. Pero no, los bancos se enriquecen, hacen grandes inversiones con el dinero que les ha caído del cielo, y por presión del gobierno le dan algunas migajas a los ciudadanos. La ingenuidad o la dependencia del poder político al sector bancario ha destruido la gran oportunidad del pueblo español para salir de la ruina y para generar empleo. Como es lógico, la protesta general se apodera de las calles, y es cuando se produce la famosa serie de televisión “La Casa de Papel” en la que un grupo de ladrones roba la Casa de la Moneda en Madrid para darle al pueblo el dinero que le pertenece. Aunque la producción se inspiró en un robo real a un banco en Brasil, y no hizo mención directa al Banco de España, el mundo entero entendió el mensaje y respaldó las intenciones. Hoy en día es la serie de televisión española más vista en el mundo, y como es lógico la izquierda y concretamente el movimiento anarquista con su himno como tema de la película, la promueven y la ondean como bandera de su mensaje de reclamo social y de crítica al capitalismo.

Tras el fracaso del rescate, que permitió la inyección de dinero a los bancos y no a los ciudadanos, el gobierno de Rajoy se veía obligado a encontrar alguna fórmula que le permitiera generar empleo porque la economía doméstica seguía en la ruina, y la izquierda, causante de la crisis, lo culpaba de la situación. ¿Qué decidió entonces? Emprender una reforma laboral para autorizar a las empresas a reducir salarios y eliminar prestaciones, de manera que se pudiera facilitar la contratación y el despido de los trabajadores. La izquierda, siempre lista para desacreditar a la derecha y recuperar el poder, habló entonces de “contratos basura”. Conocían el término, porque ellos habían tomado la misma medida en 1.992 cuando España atravesaba la grave recesión del gobierno socialista de Felipe González.

Estaba claro que a Mariano Rajoy le estaba costando mucho trabajo recuperar a España de la ruina socialista, y que su posición política era débil. Ya no contaba con un respaldo político suficiente, y se daban las condiciones para que la izquierda volviera al ataque. El líder socialista Pedro Sánchez propone una moción de censura para derrocarlo, lo consigue, y después de varias elecciones se consolida en el poder, de la mano del partido Comunista escondido tras el nombre de “Podemos”, y de los independentistas partidarios de la desintegración de España. Nuevamente España gira a la izquierda, y esta vez hacia la más extrema, para sumirse en la profunda crisis que padece actualmente. Sé que es difícil arruinar más a España, pero la izquierda es capaz. Me duele España. Viva España!

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